Manipulación (en la Iglesia) II

on 22 febrero 2011

Manipulación (en la iglesia)
(Parte dos)

Con mucha probabilidad, 3 Juan es la carta más personal del Nuevo Testamento. Aquí –como en la anterior- Juan nos ofrece un vistazo de la vida en la iglesia primitiva. La carta menciona a tres personas y el problema causado por la personalidad de uno que será el motivo de mi nuevo artículo…

Obviamente, hablar de tres personas es hacerlo también de tres temperamentos y tres diferentes clases de cristianos. Si hay una cosa que siempre ha caracterizado la iglesia –en oposición a las sectas- es la diversidad de las gentes que la componen.

Sin embargo, esa misma pluralidad puede ser una “espada de dos filos” donde cierta clase de gentes encuentren tierra fértil para llevar a cabo sus pequeños intereses. Y es que una cosa es tener visión y otra –muy distinta- ambición. Claro, hay una ambición sana y otra insana; aquella crea un ambiente de progreso, esta última de conflicto y tensión.

Este era el problema con Diótrefes… Juan lo describe en estos términos: Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe… parloteando con palabras malignas contra nosotros… no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia”

Juan está experimentando alguna especie de interrupción. No es de índole espiritual ni secular porque el Apóstol no encuentra el obstáculo fuera de la iglesia sino dentro. En concreto, la resistencia tiene nombre y se trata de un líder que no contento con la posición busca excesiva preeminencia: “Al cual le gusta tener el primer lugar”

¡Este es uno de los problemas que generó el clericalismo en la iglesia!

Líderes sedientos de poder lograron levantarse con la única aspiración de ser “principales”, de tomar el control y gobernar anulando el oficio del Espíritu Santo. Incluso, hay iglesias que dicen promover una unción espiritual que ya no tienen y ahora ha sido sustituida por el carisma, la personalidad y el interés de líderes que en lo profundo sólo les gusta tener el primer lugar.

Cuando esto ocurre –como es el caso de Diótrefes- hay que urdir ciertas estrategias humanas. El brazo de carne tiene que sustituir la ausencia del Espíritu y; las estrategias de sangre la unción que viene de arriba.

Sabemos que el anhelar obispado no era mal visto en la iglesia primitiva sino una honra y, que había una serie de requisitos que los aspirantes debían calificar. Pero, tanto para una aspiración genuina como una ventajista, la exigencia –cual fuere- no es un problema. Mi experiencia dice que quienes gustan tener el primer lugar suelen ser muy celosos de las “reglas” y Diótrefes no era la excepción.

Sin embargo, como suele ocurrir, el verdadero desafío aquí no era llegar al primer lugar sino… ¡mantenerse! Aquí –precisamente- es donde entra el arte de la manipulación. En esto Diótrefes demostró ser un verdadero experto…

Juan da en detalle tres formas de manipulación… Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe… parloteando con palabras malignas contra nosotros… no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia

El horizonte de la manipulación en la iglesia no tiene límites. Aquí tenemos a un hombre que le gusta tener el primer lugar y no está dispuesto a perderlo por nada. Antes que un cristiano, él es un ministro porque ministerio representa todo lo que él ambiciona. En su mente, el ministerio –y en particular el liderazgo- es tener el primer lugar, estar en preeminencia, ostentar una ventaja y superioridad sobre el resto.

Esto –por supuesto- le hace sentir alguien reconocido para su dañada autoestima. El no está allí por medios legales -quizás ha tenido que pisar algunas cabezas para llegar a la cima- así que la intimidación, la desconfianza y las intrigas son la constante de su vida

¡Una persona así no confía ni en su sombra!

De pronto, viene Juan o sus enviados y entonces… ¡todas sus alarmas son encendidas! Probablemente, fue Diótrefes el que inventó aquello de “la mejor defensa es un buen ataque” y “el que pega primero, pega dos veces” El sabe que sus maneras no gustan -así que- él cree conveniente “embarrar la cancha” y ensuciar el campo.

En todo este juego, hay quienes están engañados por sus artes; ellos no representan problema alguno. La amenaza –en todo caso- viene del lado de quienes descubrieron sus oscuras intenciones, quienes ahora saben que a Diotrefes… “Le gusta tener el primer lugar entre ellos” o “Ambiciona estar en posición”


Alex de la Iglesia


Manipulación (en la Iglesia)

on 10 febrero 2011

Manipulación (en la Iglesia)
(Parte uno)

En el año 54 d.C., Corinto era la ciudad más grande y rica de Grecia. Junto a los juegos ístmicos en honor a Poseidón (segundos detrás de los olímpicos de Atenas), en Corinto se celebraba el culto a la diosa afrodita donde las prostitutas "sagradas" servían en el templo a sus fieles en cultos orgiásticos.

Las inmoralidades eran tan notables que los griegos acuñaron la frase "vivir como un corintio" para describir a la gente que practicaba un estilo de vida disoluto...

En esta Las Vegas antigua fue donde Dios le dijo a Pablo: "... yo tengo mucho pueblo..." y, donde trabajó por espacio de año y medio, para acabar estableciendo una de las iglesias más dinámicas del Nuevo Testamento... ¡Un triunfo rotundo de la fe cristiana!

Sin embargo, a la par de su éxito, Pablo enfrentó en Corinto severos cuestionamientos; uno de los cuales tenía que ver con el esnobismo o presunción. Concretamente, despreciaban a Pablo porque carecía de la elocuencia de un orador. Parecían estar más interesados en credenciales y prestigio que en el buen carácter de un líder...

Frente a sus acusadores que menospreciaban su apostolado y preferían la elocuente verborragia de Apólos, Pablo no responde desde una posición de poder -que podía haber usado sin problemas- sino desde una sinceridad y vulnerabilidad que impresiona...

“Cuando fui a vosotros…, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría… Estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría…”

Estas palabras que nacen de la motivación más profunda del Apóstol; revelan dos cualidades que deberían caracterizar a todo líder: Humildad básica y profunda integridad.

Sin este estímulo, sin esta raíz motivacional, se corre el riesgo de caer en manos de lideres y organizaciones sin escrúpulos que acabarán sometiendo la voluntad de sus seguidores para cumplir sus propios sueños...

Esto se llama... ¡Manipulación! Y es el peligro al que nos enfrentamos y la razón de mi nuevo artículo.



Si había un momento en que Pablo podía manipular las críticas (dada su autoridad) , era este. Al fin y al cabo, esto parecía un juego de intereses. Así como los corintios querían manipular a Pablo con sus críticas, la manipulación no sólo opera del liderazgo a la banca sino también al revés. Y de la manera que líderes controlan a sus iglesias, iglesias (o juntas) ejercen control de sus líderes. 

Aquí podemos elaborar una deducción: Muchas de las críticas -que vienen y van del púlpito a la silla- son nada más que parte del juego en que iglesias (y a veces organizaciones enteras) entran para ejercer control. De algún modo, los corintios querían controlar el ministerio de Pablo para entrometerse en la toma de decisiones y -probablemente- llegar a construir un poder paralelo, una especie de segunda vía.

La diferencia aquí, fue la respuesta de Pablo. Del mismo modo que Cristo nos alienta a responder de una manera distinta ("Amad a vuestros enemigos..."), Pablo desarticuló toda manipulación a la par que desnudaba sus más profunda motivación.

Este quizá sea el mayor déficit de nuestra era... ¡Hay tanta motivación extraña en la iglesia! ¡Tanto interés propio! Que cuando surge manipulación de un lado se contesta con más manipulación del otro.

Y así acabamos en un pandemónium…   


Alex de la Iglesia