Aviva-miento

on 20 abril 2011

Aviva-miento
(Parte uno) ¿Conversiones o deserciones?

Tiempo atrás, leí otro interesante artículo sobre el estado actual de la iglesia evangélica en Latinoamérica. El mencionado texto –escrito por Edward Cleary (profesor de estudios sobre Latinoamérica en Providence College, Rhode Island)- confirma algo que cualquiera –con una mirada imparcial y libre de falsos fanatismos- puede por sí mismo comprobar…

Cleary, se centra en la popular y controvertida cuestión de las conversiones para preguntarse si –debido a la dudosa duración de éstas y la facilidad con que la gente entra y sale de las iglesias- no sería prudente estudiar las conversiones sin también hacerlo con las… deserciones

Y es que –como bien dice Cleary- por años se nos ha vendido un modelo de evangelio en Latinoamérica en el que todo parecía girar alrededor de la palabra: Avivamiento. Incluso, medios de prensa estadounidenses, avalaron tal hecho (probablemente arrastrados por el clima de euforia) para reportar con bombos y platillos el fenómeno sin nunca probar ni confirmar la calidad y duración de tales conversiones...

En el centro del problema, la cuestión es… ¿Cuál es la duración y el término de dichas conversiones? Precisamente, de esto quiero escribir en mi siguiente capítulo…

El evangelio –tal como lo transmite Juan- recoge las últimas palabras de Cristo, algo así como su testamento personal antes de entregarse a los judíos y… a la voluntad del Padre. Es en el contexto de este ambiente –solemne y dramático a la vez- que Cristo presenta la parábola de la Vid y los Pámpanos.  

La alegoría no puede ser menos que interesante: La viña es uno de los cultivos preferidos en Palestina, resulta por lo tanto lógico que Cristo tome su imagen para ilustrar la historia de su Pueblo. Pero esta vez no sólo ilustra sino que le da su sentido pleno: Cristo es la Vid verdadera, todos los que creen en él sus pámpanos y, el Padre es el gran Viñador de esta gran cepa…

Como la vid, la iglesia no es una organización jurídica o social sino… ¡un organismo vivo! Una corriente de vida donde la fuente es ¡Cristo! Este ha sido, es y siempre será el secreto de la vitalidad y energía de las Iglesias cristianas; y el motor que ha movido y moverá a la iglesia más allá de sus limites y confines…

Esta es la condición para que nuestros signos vitales espirituales se correspondan con los de un cuerpo vivo: permanecer unidos a la fuente que es Cristo. Sin esta unión, somos como una rama cortada que –al final- acaba secándose, un manantial que no recibe agua y se convierte en cauce seco, tierra árida que la lluvia ha dejado de regar…  

Por eso es fácil y lamentable distinguir una iglesia sin esa unión porque… ¡Ya no tiene vida! Un converso con mediana espiritualidad que ha tomado contacto con la fuente, podrá identificarlo sin problemas. Hay muchos que lamentan esta ausencia como Elí y todo lo que tienen es un arca decorada para la ocasión pero sin poder, un Israel en la carne pero sin espíritu, un nombre de que viven pero… 

Así que una pasión que no arde y un fuego que no consume, es la marca distintiva de iglesias sin comunión con la Vid…

Pero estamos hablando de las conversiones y… ¿Dónde cabe el tema en medio de toda esta alegoría? En el hecho de que la comunión determina el fruto y -en particular- su calidad. Y yo creo que es aquí donde está uno de los problemas porque de la misma manera que no podemos pedir peras al olmo, no puede haber pámpanos (menos de calidad) en una vid que no es tal...

El fenómeno de las conversiones y deserciones no es nuevo, lo que es nuevo es la frecuencia y la proporción en la que hoy se están dando. Es verdad que este fenómeno se da con mayor relevancia en iglesias grandes pero, hay iglesias que a pesar de su corta existencia ya no tienen miembros fundacionales, no habiendo nadie o muy pocos del principio… Así, hay gente que se han acostumbrado a entrar y salir de la iglesia con la misma facilidad con la que cambian su vestimenta…

He oído a muchos tratando de justificar esto con cosas injustificables. El diablo, el mundo, el pecado… siempre han existido y siempre han vivido para oponerse a la iglesia. Explicar esto de afuera hacia dentro es como tirar la piedra y esconder la mano… Lo que falta es sincera reflexión quizá porque todavía las deserciones se pueden ocultar bajo el paño de grandes conversiones que –si no hacemos algo- acabarán convirtiéndose en los desertores de mañana…

Hay preguntas dolorosas que aquellos que pretender dirigir la iglesia no se hacen y deberían hacerse: ¿No es el fenómeno un resultado de la condición de la iglesia moderna? ¿Son conversiones reales las que suceden bajo mi ministerio? ¿Son los desertores apenas unos rebeldes, ingratos o carnales que no debería considerar?

Yo sé que en todo lugar se cuecen habas y que cualquier institución tendrá riesgos que –a veces- se traducen en pérdidas. Hay incluso deserciones documentadas en la historia de la iglesia y en la Biblia… Pero, de fenómeno aislado las deserciones van convirtiéndose en algo cotidiano y regular. Incluso, pueden encontrarse naciones que una vez pretendieron tener avivamiento que –poco a poco- se están convirtiendo en tierra de desertores. Cleary aporta números que pueden ser escalofriantes…

El evangelio siempre ha producido conversos que han dado sus vidas, han cambiado el curso de la historia y nos han dejado un mundo mejor… Pero, aunque siguen habiendo conversiones las deserciones se han convertido en un verdadero fenómeno que en el medio de los cantos de sirena nadie parece querer considerar…


Alex de la Iglesia